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Dolor y empatía en la mente de un Psicópata. Bases neurológicas.

Dolor y empatía en la mente de un Psicópata. Bases neurológicas.

Hoy nuestro artículo nos habla no tanto de correlatos conductuales sino de los procesos cerebrales que se producen en la mente de algunos psicópatas. Vamos a distinguir entre dos tipos de psicópatas, los psicópatas que agreden de forma violenta y los “psicópatas de guante blanco” aquellos que pasan totalmente desapercibido y que presiden grandes corporaciones e instituciones.

Como sabemos el concepto de psicopatía no es nuevo. Hasta el siglo XVIII, se creyó que la psicopatía era obra del Diablo. Pinel en 1826 en el “Tratado de las enfermedades del cerebro” la llamó manía razonante; caracterizándose como enfermedad de los instintos, pero manteniendo la inteligencia intacta. Esta definición es más que interesante, ya que a pesar de haber sido estas ideas acuñadas hace casi 200 años, aún hoy se considera al psicópata imputable de los delitos que comete por mantener conservada su capacidad cognitiva de comprender.

Los bases neurológicas de estas conductas disruptivas y disociales comenzaron a estudiarse a raíz de un conocido caso de Phineas Gages. Un trabajador de ferrocarriles, quien a raíz de un accidente laboral sufrió un daño en la región prefrontal del cerebro y tuvo cambios en la personalidad y personalidad drásticos.

Phineas

Foto de Phineas Gages

Varios de los últimos avances en neurociencias forenses se vinculan a la comprensión del razonamiento moral y la toma de decisiones morales, para explicar cuáles son los mecanismos neurocognitivos que subyacen a estas complejas funciones.

Hoy vamos a indagar sobre la neurobiología de la mente Psicopática, entre las zonas que se encuentran afectadas en los trastornos disociales encontramos:

  • Un volumen reducido de la amígdala (Yang et al., 2005)
  • Un menor tamaño de la parte posterior de hipocampo (Laakso, 2001)
  • Reducción de la sustancia gris en el lóbulo prefrontal (Yang et al. 2005)
  • Reducción del volumen del cuerpo estridado (Barkataki et al., 2006)
  • Déficit en la interacción de la región prefrontal con el sistema límbico.

 

Dos curiosidades sobre la mente de un psicópata que casi nadie sabe:  

 

  • Umbral de dolor alto.

Dolor = sensación + emoción

Los mecanismos cerebrales de percepción de dolor se pueden dividir en dos:

  1. Por una parte, tenemos la percepción del estímulo doloroso, es decir, aquí nuestro sistema nociceptivo ubica  en nuestro mapa corporal dónde se ha producido el daño y con qué intensidad. En este proceso interviene la corteza somatosensorial donde se encuentra el famoso Homúnculo de Penfield, más conocido como el Homúnculo Sensorial. Tiene mucho sentido que el primer proceso que se produce sea este, pues nos permite proteger o activar una respuesta de evitación ante el estímulo nocivo.
  2. Por otro lado, se activa otra ruta cerebral relacionada con la significación del dolor. ¿Qué quiere decir esto? Que no hay ningún dolor que moleste que no tenga una emoción detrás. Por tanto, esta ruta más emocional es la que se genera en la corteza cingulada anterior y la ínsula derecha.  Estas cortezas son las encargadas de generar una repercusión emocional.  

Cuando hablamos de dolor hemos de tener muy claro que estamos hablando de dos componentes por un lado, un estímulo dañino (molesto) que nos avisa de un peligro y por otro lado, de cómo de desagradable interpretamos este daño.

En el caso de la psicopatía, unas de las regiones que se encuentran alteradas son regiones de la corteza prefrontal, más específicamente unos núcleos que componen esta corteza: la corteza ventromedial, la corteza orbitofrontal y la dorsolateral.  

Cada una de estas áreas se relaciona con un correlato de la conducta diferente, por ejemplo en el caso de la corteza orbitofrontal se relaciona con el control de los impulsos agresivos y la cognición social; la corteza dorsolateral (área de asociación supramodal) es la encargada de la planificación, monitorización de las actividades, la metacognición, ya que no procesan estímulos sensoriales directos; por último,  la corteza ventromedial al estar conectada con la corteza cingular se encarga de los procesos motivacionales, atención ejecutiva, y la valoración afectiva de los estímulos dolorosos.

Por tanto, en aquellos casos en que el núcleo ventromedial de la corteza frontal está dañado, o al menos su conexión con la corteza cíngular y el sistema límbico,  veremos un umbral de dolor muy alto, llegando a veces a impresionar la capacidad de tolerar el estímulo doloroso.

En estos casos, se podría decir que a estos sujetos “les duele pero les da igual”.

 

2.-  Cómo empatiza un Psicópata de guante blanco.

A su vez estos circuitos relacionados con la afectividad están muy ligados a la empatía. En este sentido cuando hablamos de Empatía hemos de hacer una distinción entre cognición empática y emoción empática. En la literatura cuando se describe a la personalidad de un psicópata se refiere a sujetos  poseedores de un encanto superficial y capacidad de manipulación, muchas veces envidiables; esto se explicaría mediante la diferenciación entre la cognición empática y la emoción empática.

La Cognición Empática reúne los circuitos y funciones necesarios para realizar una lectura racional de las situaciones de interacción social, en su desempeño, el psicópata logra entender las señales sociales de su interlocutor, aún sin conectarse afectivamente.

Por el contrario la emoción empática en cambio se procesa en regiones anteriores del lóbulo frontal (área 10 y 11 de Brodmann) y sería la encargada de integrar un sistema de cognición social más amplio que nos permite vincularnos de forma emocional y no consciente con los demás.

Desde la perspectiva neurobiológica la internalización de normas y valores surge de la vivencia de aprobación o desaprobación del cuidador que inhibe o estimula una conducta. Este sistema de recompensa y la internalización de las normas se ve deteriorada por esa disminución de materia gris en las regiones prefrontales, (Oliveira-Souza et al., 2008).  

Otros estudios realizados con Resonancia Magnética Funcional (RMf) ponen de manifiesto como ante la toma de decisiones de caracter moral, una vez más se encuentran involucradas las regiones prefrontales, áreas cingulares y sobre todo un déficit de activación amigdalino, que parece central a la hora de explicar numerosas conductas de la conducta psicopática (Glenn, Raine y Schug, 2009).

¿Existen psicópatas de guante blanco en la acutalidad?

Acostumbramos a escuchar que empresarios y políticos con altos cargos pueden llevar a cabo estafas millonarias sin ninguna repercusión emocional. Estos delitos requieren en términos generales buena capacidad intelectual, planificación conservada y una buena organización de los pasos a seguir en el diseño de su estafa, entre otras cosas.

Al investigar el cerebro de este tipo de delincuentes se halló, que las áreas que nos permiten realizar tareas complejas, los lóbulos frontales y las funciones ejecutivas que allí se procesan se encuentran conservadas. A diferencia de la enorme evidencia de alteraciones en diversas regiones de la corteza prefrontal que presentan los delincuentes “comunes” los ladrones de “guante blanco” sólo han mostrado déficits en la estructura de las fibras que conectan parte del sistema límbico con la corteza orbitaria, o sea, la alteración en estos sujetos se centra en el fascículo uncinado, que conecta el mensaje emocional (principalmente el miedo y la ansiedad anticipatoria) con las áreas encargadas de tomar decisiones. (Craig y cols. 2009).

Podemos así, hacernos una idea de cómo se dan situaciones que pueden ser incomprensibles moralmente para una mayoría, pero cómo para algunas personas hechos o actos que socialmente y moralmente son impensables, no lo son tanto.

A veces cuando se sufre un daño cerebral adquirido, se alteran comportamientos y conductas de la persona, pudiendo manifestarse de numerosas formas, pudiendo incluir patrones de conducta disocial. Nuestro equipo en Clínica Emae traba de forma multidisciplinar abordando la adaptación de la persona en las tres áreas fundamentales: física, cognitiva y emocional/social. 

 

Autora: 

Esperanza Merlos Fernández, Psicóloga en Clínica Emae

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